Historias de viaje · Nómada Profesional
Viajar solo: lo que aprendí en más de 60 países (y lo que nadie te cuenta)
Sobre el miedo, la soledad y por qué, cuando viajas solo, casi siempre terminas acompañado.
Muchas veces me han preguntado si no me harto de viajar solo, si me da miedo, si no me siento solo (valga la redundancia) cuando estoy de viaje. La respuesta suele ser que no a casi todo o casi siempre; digo casi siempre porque a veces sí me siento solo, a veces me da miedo alguna decisión, a veces me harto. Pero siento que a través de los viajes y años de experiencia puedo darle un mayor control a esos momentos y relajarme.
Hay algunas preguntas que luego rondan mi cabeza: ¿acaso no también harta viajar con alguien de vez en cuando? ¿No también da miedo aunque estés acompañado? ¿O la compañía a veces sale sobrando? Ahí la respuesta también es sí y no. Yo soy fanático de viajar solo y utilizar mi tiempo como quiera, sin embargo ha habido muchos viajes o trayectos donde disfruto la compañía de amigos o familiares y la paso genial. Y es que eso es algo que quisiera reforzar: no es que yo esté peleando con la idea de viajar con alguien, sino que por el tiempo que viajo acabo haciendo la mayoría de los viajes solo, y eso es justo algo en lo que tengo mayor experiencia.
Vamos a explorar este lado de viajar solo, y por qué cuando viajas solo casi siempre terminas acompañado.
Entonces, la pregunta del millón: ¿da miedo viajar solo?
Para mí, ya con experiencia, la respuesta es no, y no quiero sonar mamón, no va por ahí. Sí llego a sentir ansiedad todavía unos días antes, pero el sentimiento de miedo en sí, no. Pero entiendo perfecto de dónde nace el miedo cuando alguien me dice que le da miedo viajar solo.
Si lo pienso en retrospectiva, yo sí llegué a sentir miedo hace algunos años, pero también siempre he sido alguien muy aventado y eso se antepuso al miedo que llegué a sentir.
Así que voy a exponer las razones por las que creo que a la mayoría de las personas les da miedo la idea de viajar solos, y les voy a decir lo que me ayuda en esos momentos. Si alguno de estos puntos resuena contigo, hazte la pregunta: ¿qué te frena a hacer ese viaje soñado? Y ve si te sirve alguna de mis recomendaciones.
La planeación y la inexperiencia
La mayoría de nosotros estamos acostumbrados a viajar en familia o con amigos, y por lo general siempre hay alguien que toma la batuta y el rol de líder organizando todo. En cambio, la gente que está acostumbrada a solo decir que sí a los planes de otros suele enfrentarse a este problema. Y parte del miedo a viajar solo nace justo ahí: son tantas las cosas por organizar y tantos los escenarios que se te cruzan por la mente que esas situaciones imaginarias terminan dando miedo.
Acércate a ese amigo que sabe planear viajes, o pide consejo a algún profesional (ehemm) que te ayude o te dé una asesoría. Si decides que quieres planearlo por tu cuenta, los grupos de Facebook funcionan, aunque a veces algunos comentarios son medio tóxicos, o sea que no te lo tomes personal. Reddit suele ser una buena opción para preguntas específicas: hay respuestas de gente local de cada país que busques.
El miedo a lo desconocido: otras culturas, otros idiomas
Aventurarse a un país donde no hablan tu idioma es de los pensamientos que más miedo dan al planear un viaje, y viene acompañado de otras limitantes: la cultura, la estructura del país, algún tema religioso. No culpo a nadie que sienta ese nervio, porque es normal no saber cómo son las cosas y costumbres de otros países, sobre todo cuando nos basamos en estereotipos que nos muestran en los medios o la tele. Y sí, es verdad que estar en un país con otro idioma puede hacerte sentir más solo; esa idea es una realidad, porque luego hasta llegas a extrañar hablar tu propia lengua.
Me atrevo a decir que la mayoría de las personas parten desde el bien y te dan una mano si pides algún consejo o ayuda. Además existe un sinfín de apps para traducir, moverte y comunicarte que le facilitan todo al turista. Claro que no descarto que pasen cosas, y siempre hay que traer el radar bien agudizado, pero te sorprenderás cuando estés con una persona que no habla ni tu idioma y se lleven bien.
Un ejemplo de esto que te digo, y que me llegó a la mente ahorita: hace unos años estaba en Agadir, Marruecos, y caminé hacia la playa. Estaba sentado en la entrada cuando un vendedor de té me hizo plática; conversamos un poco en el poco inglés con el que podíamos llegar a comprendernos, y me regaló un té sin siquiera pedírselo. Situaciones así me han pasado en muchas ocasiones, y es que cuando viajas te abres.
Y el miedo más común lo dejo en su propia sección. Que es…
La soledad de la que nadie habla
Y llegamos al motivo por el que más viajeros se frenan: la soledad. El solo pensar que puedes pasar unos días sentado en un café, en un restaurante, caminando o en el transporte público sin nadie con quien hablar pesa bastante. Le tenemos miedo a la soledad porque suele ser donde nos encontramos con lo que nos perturba o nos cuestiona, y eso aterra. Hasta esa pregunta al llegar a un restaurante —¿viene usted solo?— logra movernos el piso las primeras veces que la escuchamos.
Sería mentira decir que no la siento. Todos, por ser seres humanos, tenemos días de tristeza, de soledad, de alegría; unos más positivos que otros. Y eso obviamente se intensifica cuando estás solo. Pero con los años he aprendido que ese miedo a la soledad no es más que nuestros sentimientos guiando —o siendo guiados por— nuestros pensamientos. Y que a veces es hasta bueno escucharnos: dejar que el cuerpo, la mente y el alma digan lo que tengan que decir. Dejarte sentir es justo lo que te permite darle la vuelta al asunto.
Algo que hago es llevar un diario. Una libreta donde escribo y hago journaling por las noches y me permito sacar toda la basura que vengo cargando. Me ayuda muchísimo. Y cuando el momento pesa demasiado, la tecnología es una gran herramienta: hoy en día puedes hablar con familia o amigos casi todo el tiempo (salvo que el huso horario te lo complique), y el traductor de Google te permite comunicarte con cualquiera en cualquier idioma. Pensar que hoy puedes conectarte desde donde sea ya lo cambia todo. (Pronto escribiré una segunda parte donde cuento mi primer viaje por Asia y cómo le hice sin SIM ni internet.)
En los restaurantes, en lugar de sentir el peso de estar solo, suelo buscarme una terraza y observar lo que pasa. Y aprovecho esos ratos para organizar el viaje, revisar presupuesto o editar fotos. Estamos tan conectados a algo todo el tiempo que olvidamos que tenemos la capacidad de guiar nuestros sentimientos y pensamientos hacia donde queramos, por más difícil que sea.
Al final tampoco estamos solos siempre. Son momentos, y son los mismos que también tenemos en casa: a veces los bendecimos y a veces los rechazamos. Lo más importante, creo, es aprender a disfrutar también de esos momentos: una caminata a solas aclara la mente; sentarse a contemplar un atardecer también puede traer muchos sentimientos buenos. Lo cual me lleva al punto más importante de este artículo.
Por qué viajar solo casi siempre termina en compañía
Hoy en día todo el mundo quiere viajar, y la cantidad de turistas que viajan solos es impresionante. El año pasado, en Luang Prabang, Laos, fui a cenar a un mercado nocturno. Pedí unos dumplings y me senté en una mesa; a los pocos segundos llegaron dos chicas y un chico, los tres de nacionalidades distintas y viajando solos con propósitos diferentes. Fue una grata sorpresa, y terminé la noche platicando con una de ellas, una italiana.
Este escenario me ha pasado muchísimas veces. Termino conociendo a alguien con quien la paso bien un día o un par de días, y no pocas veces se forma una amistad y nos hemos vuelto a ver un montón. Por eso siento que cuando viajas en grupo te encierras un poco en el grupo, mientras que solo estás mucho más abierto a ver qué pasa y a quién conoces.
En los tours es igual: siempre acabo haciendo alguna amistad viajera. Este año, en Tailandia, hice dos amigas de Holanda en un tour por Ayutthaya, y esa misma noche decidimos ir juntos a las peleas de Muay Thai y a caminar por Khao San Road. Y así hay mil situaciones más: en los hospedajes, los mercados, las tiendas de souvenirs. La mayoría de los viajeros están abiertos a intercambiar unas palabras y a coincidir en algún plan.
¿Viajar solo o acompañado?
Depende mucho de tu personalidad y, sobre todo, de con quién viajes. En los viajes acompañados es común que haya discusiones o roces por alguna situación, así que siempre vale la pena cuestionarte si conviene o no hacer ese viaje con alguien. ¿Es alguien bueno para la fiesta pero incapaz de contemplar un paisaje? ¿Se va a ajustar a tu presupuesto o no? ¿Es de los que se quejan de todo? Son preguntas importantes, porque vas a compartir tu tiempo y tu dinero con esa persona, y si no hay química, la verdad no vale la pena.
Por lo general viajo solo. Pero tengo unos amigos con los que he visitado varios países —Islandia, Tailandia, Escocia, Italia— y aunque ha habido discusiones, suelen ser tonterías que pasamos de largo porque tenemos muy alineada la forma de viajar y de aprovechar.
Lo que aprendes de ti viajando solo
¿Por dónde empezar? Es una infinidad de cosas: a organizarte, a aprovechar el tiempo, a valerte por ti mismo, a enfrentar problemas, a tener paciencia, a administrar tu dinero y tus días… Cada viaje tiene lo suyo y algo distinto que enseñarte.
Hace poco veía un video de una cuenta viajera que decía que lo que te cambia es llegar a disfrutar tanto tu tiempo a solas que terminas prefiriéndolo. No estoy del todo de acuerdo. Yo creo, más bien, que te vuelves tan fanático de tu vida y de tu tiempo que decides mejor en qué —y en quién— invertirlos.
Haz ese viaje solo (o sola) que tanto deseas, y ábrete a lo que cada país, cada cultura y cada situación te tenga que enseñar.
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